Tres claves para una meditación auténtica
Con frecuencia se cree que meditar consiste en conseguir una mente especial. Pero la verdadera práctica no consiste en fabricar un estado especial, sino en dejar de resistirnos a lo que ya está ocurriendo.
Estos tres sencillos consejos pueden ayudarte a descubrir una práctica más profunda.
1. Deja de luchar contra los pensamientos
La mente produce pensamientos igual que el corazón late o los pulmones respiran. El problema no son los pensamientos, sino la identificación con ellos.
Cuando aparezcan, no los rechaces ni los sigas. Obsérvalos con naturalidad y vuelve, una y otra vez, a la simple experiencia de estar aquí. Cada regreso al presente es, en sí mismo, la práctica.
2. Habita plenamente tu cuerpo
El cuerpo siempre vive en el presente; la mente suele viajar entre el pasado y el futuro. Por eso, una postura estable y una respiración tranquila son una puerta de entrada a la consciencia.
No busques una postura rígida ni perfecta. Encuentra una postura digna, relajada y despierta. Cuando el cuerpo deja de luchar, también la mente comienza a aquietarse de forma natural.
3. Abandona la búsqueda de experiencias especiales, ellas vienen solas.
Uno de los mayores obstáculos en la meditación es querer alcanzar algo: paz, iluminación, visiones o estados extraordinarios, estos son el estado natural del ser
El Zen nos recuerda que no hay ningún lugar al que llegar. Cuando dejamos de perseguir experiencias, descubrimos que este instante, tal como es, ya contiene una profundidad infinita.
La práctica consiste en estar completamente presentes, sin añadir ni quitar nada, dejando pasar el automatismo mental
Al final, meditar no es escapar del mundo, sino despertar a la vida tal como se manifiesta en este mismo instante.
La mayor transformación no consista en convertirnos en otra persona, sino en dejar de sostener, la historia que creemos ser. Entonces aparece una presencia silenciosa que siempre ha estado ahí, esperando simplemente ser reconocida y manifiesta.

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